Guía para la obediencia canina

¿Tu perro no obedece órdenes y está fuera de control? En Gröl te ayudamos a entender y solucionar este problema.

Si quieres tener una convivencia tranquila y feliz con tu perro, uno de los logros más importante es tenerlo bajo control para evitar problemas. Esto no es una cuestión de superioridad, sino de liderazgo: los perros están acostumbrados a la jerarquía canina, y si no aprendes a encabezarla, siempre tendrás problemas para moderar su conducta.

La Manada

Antes que nada, debes comprender que los perros son descendientes directos de los lobos, los cuales viven organizados en manadas y obedecen una jerarquía muy sencilla pero estricta: en todas ellas existe un macho alfa, el líder que decide lo que se debe hacer y cómo debe hacerse.

Por lo tanto, si quieres que tu perro obedezca siempre tus ordenes, lo primero que necesitas es que entienda que tú, su dueño, eres el macho alfa de la manada (no importa si eres hombre o mujer) y como tal, debe respetarte y obedecerte. 

Si, por el contrario, tu perro piensa que es el macho alfa (y en su caso tampoco importa si son machos o hembras) será impredecible en su respeto y obediencia, pues no podrás enseñarle casi nada, se sentirá con el derecho de someterte a ti y a otros miembros de la familia y no podrás hacer nada para controlarlo, lo que lo volverá potencialmente peligroso. En el mejor de los casos, hará lo que quiera y cuando lo quiera, y obligará a los demás a que cumplan sus deseos.

¿Qué sería de tu familia sin un “jefe” que la guíe, que le dé un camino? Aún cuando en las familias el liderazgo suele compartirse entre la pareja, por lo regular una de las dos figuras establece las reglas (aún cuando éstas se consigan bajo un consenso de pareja); de este modo la familia establece reglas, sin las cuales los hijos perderían la orientación de su disciplina y educación, y es de esperar que, resultado de esto, queden destinados al fracaso.

No importa cuánto amor inviertas: sin liderazgo no hay familia.

Aquí vas a aprender cómo ser un líder para tu perro con bases sencillas pero fundamentales. 

Convertir a la familia en una manada

En la estructura social de los perros, solo uno puede ser el Alfa. Si en tu casa viven cinco personas, aún cuando todas se reconozcan como dueñas del perro, solo uno será el líder. Esto no significa que no respetará ni obedecerá a los demás, mucho menos que él estará arriba de los humanos en jerarquía canina, pues finalmente reconocerá a toda tu familia como su manada. Y cuando tu perro comprenda que eres el alfa de ella, te obedecerá y solo entonces podrás comenzar a educarlo: desde hacer sus necesidades en un lugar determinado” hasta no ser agresivo, no jalar la correa al salir a caminar y cualquier otra cosa que desees inculcarle durante su desarrollo. 

Veamos algunos puntos de vital importancia para enseñar a tu perro quién es el que manda:

Muy importante: Bajo ninguna circunstancia utilices la violencia física o psicológica para castigar a tu perro si su conducta es irresponsable, pues así no reconocerá al líder en ti, solo le sembrarás miedos, temores y ansiedad.

Él nunca te haría eso, no se lo hagas tú a él. 

Los perros no hablan tu idioma

Para convertirte en su líder no necesitas castigarlo ni gritarle, simplemente haz las cosas de manera clara para que él pueda comprenderlas en su idioma, pues el suyo no es el de los humanos.

Algunos dueños consideran que su perro es “poco inteligente” si no los entiende. Esto, por supuesto, es falso: tu perro no es tonto, simplemente no puede aprender porque no entiende las cosas que haces.

Cada vez que le expliques algo y no obedece, piensa por un momento, “¿acaso me entiende?” La respuesta: claro que no, es un perro, por lo que debes hacerle saber las cosas como otros perros se las harían saber, y para esto hay que aprender a pensar y hablar “en el idioma de un perro”.

Conviértete en el líder

Ya que hemos aclarado estos puntos, te explicaremos los pasos a seguir para enseñarle a tu perro (o cachorro) quién es el líder de la manada. 

Recuerda que esto no se conseguirá de un día para otro. Ni siquiera en una semana, es un proceso de aprendizaje lento, por lo que hay que ser perseverante para conseguir que tu liderazgo se imponga al suyo, pues al no haber un Alfa en su manada, él considerará que debe tomar ese rol y, por consiguiente, toda tu familia vivirá las consecuencias. 

Siempre cruza la puerta antes que el perro, ya sea al salir de casa o al entrar de nuevo. Es muy importante que tu perro vaya siempre detrás de ti y que solo salga de casa cuando se lo indiques. En el lenguaje de los perros, el Alfa es el primero en salir a explorar el territorio fuera de su hogar y el primero en volver, pues su labor es guiar a la manada. Si permites que él cruce los umbrales primero, automáticamente estás concediéndole esta posición.

Utiliza una correa corta y no dejes que vaya por delante de ti en los paseos; pues justo como en el paso anterior, esto le haría pensar que es el líder. En algunos paseos puedes permitir que vaya delante de ti descubriendo el mundo mientras olfatea todo lo que encuentra, pero siempre serán necesarios los paseos “controlados” para establecer la jerarquía, en los cuales debe ir a tú lado o detrás, nunca adelante. De vez en cuando, es bueno dejarlo suelto algunos minutos y siempre en lugares donde se encuentre a salvo (campo, parques, espacios para perros, etc.) para que desahogue su energía, corra y explore con libertad.

No dejes que brinque sobre ti o que suba sus patas delanteras en ti, sin importar su tamaño. Usa la rodilla para empujarlo con delicadeza y, solo si es necesario, un pequeño golpeteo con la misma sin llegar a lastimarlo, esto debe ser tan solo un gesto de autoridad, no de agresividad, ni debe dar pie a que sea interpretado de esta manera.

Tú debes comer primero que él, en caso de que sus horas de comer coincidan. 
Nunca debes permitir que él coma antes, pues esto le hará pensar que es más importante que tú, un pensamiento determinante al momento de establecer jerarquías, pues en las manadas de lobos ningún miembro puede comer hasta que el Alfa haya terminado. Si sus horarios son diferentes, no hay ningún problema en quién lo haga primero.

Tú decides cuándo se juega.  Aunque sí debes prestar atención a que tu perro tenga suficiente actividad física, no debe ser él quien decida el momento de jugar o cuando dejar de hacerlo; es un error más serio de lo que parece. Si no tienes ganas de jugar, ellos deben aprender a no insistir; si tu perro comienza a propiciar el juego, debes decirle “¡no!” con firmeza, pero sin agresividad. De este modo no podrá interpretarse como un indicativo de que el juego es malo; por el contrario, aprenderá que es muy bueno pero que solo ocurrirá bajo tus términos no los de él.

No juegues a pelear con él. En la naturaleza canina este tipo de competencias solo se realizan entre iguales o cuando intentan competir por el liderazgo dentro de la estructura social de la manada. Si quieres un juego que te ayude a mantener la jerarquía, prueba lanzarle una pelota o frisbee para que lo busquen. Eventualmente aprenderán a devolverte el juguete para continuar con la dinámica, y esto ayudará a establecerte como líder.

No deben subir a tu cama o al sofá. Quizá pienses que no es importante (o te puede parecer triste) pero esta es la forma más eficaz de indicarles que esos espacios son tuyos y que solo tú determinas qué espacios pueden o no ocupar dentro de tu casa.

Cepíllalos a menudo, aunque no sea necesario. Es una forma de enseñarles que podemos tocarlos en el momento que queramos sin que ellos puedan quejarse.

Condiciona su comportamiento durante la comida. Cuando le sirvas, sujeta una croqueta con la mano cerrada y haz que se siente (utiliza una sola orden rápida y firme, como “¡sit!” o “¡siéntate!”), cuando lo haga, deja la croqueta en el suelo a cierta distancia de él (un metro aproximadamente) y no dejes que se mueva ni se dirija a la comida hasta que te mire a los ojos. Cuando lo haga, dale otra orden para que sepa que puede comer (como “venga” o “come”). 

Para que este comportamiento quede afianzado, debes estimularlo con premios: coloca uno en tu mano y acércalo a tus ojos, cuando te mire a los ojos dale el premio. Repite hasta que aprenda que si apuntas tu dedo a tus ojos él debe voltear a verlos.

Enséñalo a sentarse; coloca tu mano con un premio por encima de su hocico, apenas fuera de su alcance para que la posición lo “estimule” a sentarse. En el momento en que lo haga, dale el premio y refuérzalo con la orden “siéntate”. Repite el proceso varias veces al día hasta que obedezca en el primer intento. Entonces podrás ordenarle que se siente sin necesidad de premiarlo.

Cuando ha dominado las órdenes de comer y sentarse, no le permitas comer hasta que cumpla ambas; esto reforzará tu autoridad en uno de los aspectos más importantes de su día: comer.

No lo apapaches ni abraces hasta que no obedezca, desde las órdenes más simples.
Tus muestras de cariño son también un premio. No te preocupes, no significa que todo el tiempo debas tratar a tu perro de este modo, solo es mientras logras establecer tu posición como Alfa, una vez que el perro lo haya entendido, las muestras de cariño son más libres. Inténtalo con órdenes simples como “siéntate” o “túmbate”; por supuesto, si hace caso, los abrazos y las caricias pueden ser tan abundantes como desees.

Grúñele. No es broma, recuerda que intentas hablar su idioma. Si se porta mal, un gruñido de tu parte logra mucho más que un grito (el cual no va a entender).

Aunque es mucha información, te habrás dado cuenta que estas recomendaciones son muy sencillas de seguir y ejecutarlas no implica un gran esfuerzo. Incluso puede parecerte que no es posible mejorar el comportamiento de tu perro con estas pautas.

Pero justo como ocurre con la educación de los seres humanos, con solo cumplir algunas reglas muy básicas lograrás que ellos comprendan perfectamente quien es el líder de su manada. Existen muchas otras recomendaciones, un poco más complejas, pero éstas te serán suficientes para establecer tu rol.

Una cosa más: si deseas aplicar esta regla con cachorros muy pequeños, toma en cuenta que ellos no son conscientes de su manada hasta cumplir los cuatro o cinco meses, y que su razonamiento empieza a funcionar hasta cumplir el año de edad, por lo que aplicar estas reglas debe hacerse con mucha más suavidad que con un perro más grande.

No tienes por qué preocuparte, si bien les cuesta más seguir las reglas, también será más rápido para ti lograrlo, siempre y cuando sigas estrictamente cuatro reglas: entrar y salir de casa, subirse a la cama o el sofá, cepillarlo y pasear. 

Nunca lo castigues de ningún modo. Los golpes y el abuso psicológico no ayudarán en nada, estas sencillas reglas le darán la estructura que tanto necesita para llevar una convivencia sana contigo y tu familia.


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