La Impronta

Cómo debes cuidar a tu perro durante la preciada “etapa de socialización”. 

Una de las principales preocupaciones cuando consideramos tener un perro es “¿será bien portado?”, “¿se llevará bien con mi familia?”, “¿llegará a ser peligroso para alguien?”. Lo que pocos saben es que, justo como pasa con los seres humanos, muchos de los comportamientos problemáticos pueden evitarse con una educación adecuada en la infancia del perro.

impronta perros

¿Qué es la etapa de socialización?

Se ha demostrado que en el periodo que va desde la tercera hasta la séptima semanas de vida (el rango puede variar de raza a raza) el cachorro deberá reconocer la imagen y las características de su propia especie (es decir, debe aprender cómo lucen, huelen y se escuchan los perros); sobre todo a través de experiencias visuales y auditivas. Y mediante estos mismos estímulos debe reconocer el ambiente familiar. A este proceso se le llama impronta, y de él hablaremos más adelante.

Se realizaron cuatro experimentos para entender la eficiencia de esta etapa, estudiando distintas condiciones de desarrollo:

  1. Perros que fueron criados en diversos periodos de aislamiento.
  2. Perros que fueron aislados de los seres humanos pero se les dejó convivir en grupo.
  3. Perros que fueron criados en distintas ocasiones, pero que solo tenían contacto con los seres humanos.
  4. Perros que solo mantenían contacto con otras especies animales (como gatos, conejos y corderos.)

Los individuos desarrollaron el comportamiento esperado en cada uno de los casos: se volvieron tímidos cuando se les crió en severo aislamiento, o tenían preferencia por los seres humanos cuando eran criados sólo entre ellos, así como sentirse más cómodos con otros perros o animales si así habían crecido (situación que, además, los volvía temerosos de los seres humanos, los llamados “perros salvajes normales”). 

La Impronta

De esto podemos deducir que, para la socialización con otras personas, basta con que el cachorro sea sometido cada semana a dos períodos de contacto con seres humanos de veinte minutos cada uno.

Este tipo de aprendizaje es llamado “imprinting” (que nosotros traducimos como impronta). Esta pequeña dosis de experiencia tiene enormes repercusiones en la vida del perro y su comportamiento futuro, pues se trata de una experiencia irreversible que dejará una marca que permanecerá en el perro; de ahí el nombre.

Pero es muy importante que esta experiencia ocurra en el período crítico (tres a siete semanas), y sobre todo, entender cuáles son los fenómenos que lo delimitan y determinan; pues según Scott, es fundamental en el desarrollo de sus capacidades visuales y de aprendizaje.

¿Pero hasta cuándo debemos ejercerlo?

Sabremos que este período de aprendizaje llega a su final cuando el perro empiece a mostrar miedo ante lo que considere desconocido. Según autores como Stanley, Bacon y Fehr, la experiencia de los perros puede desarrollarse desde el primer día de vida si ésta ocurre a través de estímulos que puedan percibir, los cuales deberían ser auditivos, olfativos o táctiles, pues los cachorros recién nacidos son ciegos. Sin embargo, Scottsostiene que antes de la tercera semana de vida un perro es relativamente incapaz de aprender nada fuera de lo que le enseñe su instinto (comer, por ejemplo).

Pero en lo que podemos coincidir es que todos los seres vivos somos bombardeados por una gama infinita de estímulos provenientes del exterior, los cuales nos hacen generar la conciencia de nuestro entorno. Y la dificultad de estudiar esta situación radica en la forma tan variable que tenemos para percibirlos. En el caso de los perros, hay un rasgo que comparten con ratas y murciélagos, y es el amplio rango de escucha que éstos pueden registrar, en frecuencias auditivas desconocidas para nosotros los seres humanos.

¿Qué pasa si ha pasado el período crítico de impronta?

En cuanto a la posibilidad de formar un vínculo afectivo más allá de este período, podemos tomar como referencia esas situaciones en que algunas personas se han relacionado con lobos adultos o perros que crecieron lejos de una familia humana.

Este tipo de socialización existe, y es llamada “secundaria”, pero funciona muy diferente a la que hemos planteado a lo largo de esta entrada. La primera distinción es que, durante la impronta el perro se muestra muy receptivo; mientras que en la socialización secundaria es necesario vencer el miedo que el perro sentirá ante el ser humano (miedo que puede llevarlo a portarse tímida o violentamente).

Quien intente desarrollar seta socialización secundaria necesita tener actitudes bien definidas que no se presten a malinterpretaciones que podrían asustar a los animales (por ejemplo, si permanece quieto, no debe moverse con brusquedad, o debe evitar mirar a los ojos del perro directamente).

Las recompensas con alimento y un mayor tiempo de contacto también son necesarias en este tipo de educación, lo que implica más trabajo y atención que en la impronta. Aunque este proceso termina a menudo con la superación de la timidez natural hacia el hombre, la educación secundaria no conseguirá una inserción real y total del perro dentro de nuestra sociedad.

 

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